sábado, 12 de junio de 2010

Sábado, 12 de junio e 2010.


Empieza la cuenta atrás para ingresar de nuevo al hospital. Los nervios ya han comenzado a hacer estragos y ayer tuve que tomar un lorazepan para poder pegar ojo. De repente los viejos fantasmas volvieron a mi cabeza cuando a las 7.00 de la mañana unos fuertes dolores aparecieron en mis piernas. Sentir de nuevo esa sensación me paralizó durante un largo tiempo. Mientras, el cansancio no me permitía levantarme a buscar algo para remediarlo. El Flaco en seguida se despertó y fue directo a la cocina por un paracetamol. Encendió la luz de la habitación y tras tomar la pastilla me apoyé sobre su tripa hasta quedarme dormida. Al despertar aún sentía dolores en las articulaciones.

Era un dolor muy desagradable, pero sobre todo me preocupaba el hecho de que pudiera ir a más. Eso supondría volver antes de tiempo al hospital, más medicación y en un caso excepcional si no funcionase ningún fármaco más morfina. Afortunadamente, ha bastado con paracetamol para aliviarlos.

Estas dos últimas semanas han sido de auténtico reposo en casa de Brodel. Hemos pasado todos los días en casa mi madre y yo. Ayer salimos a hacer unas compras cuando de repente comencé a encontrarme mal. Cualquier pequeño esfuerzo me fatiga, así que de momento seguiré con la rutina de siempre desayuno, comida, siesta y algún pequeño paseo.

Hoy estamos de preparativos para celebrar el cumpleaños del Flaco. Haremos una pequeña cena con los amigos más cercanos.

Esperemos que este cuarto ciclo no me deje hecha polvo porque no para de darme vueltas la cabeza pensando en ello. Confiemos en que todo irá bien, siempre positivo nunca negativo.

martes, 8 de junio de 2010

Martes, 8 de junio de 2010.


¡Muchísimas felicidades Flaco! A pesar de haber estado ausente durante estos últimos días ha sido porque mi madre ha llegado a Madrid y casi no he tenido tiempo para contaros todos los por menores de mi evolución. Además, hoy tenía que hacer una excepción. El Flaco cumple 28 primaveras y como no podía ser menos había que hacerle una mención especial por este medio. Se merece eso y más después lo que ha hecho por mí todo este tiempo.

Esta semana ha transcurrido con tanta tranquilidad que podría asegurar que me encuentro con más fuerzas que nunca para enfrentarme al cuarto ciclo de quimioterapia. Cómo se notan en seguida los cuidados de las madres, su amor y el empeño que ponen en darte siempre lo mejor.

Como la alimentación es fundamental para la recuperación en estos tipos de casos, mi madre me ha hecho seguir una dieta libre de harinas, azúcares refinadas y lácteos, ahora únicamente estoy tomando productos naturales para fortalecer el organismo y poder limpiar el cuerpo de la toxicidad que supone el tratamiento.

A simple vista, gracias a los corticoides y a pesar de sus múltiples inconvenientes (los cambios de humor, el insomnio, la ansiedad, etc.) el huevo del cuello ha vuelto a desinflamarse y la tos ha desaparecido por completo. Además mi estado anímico ha mejorado muchísimo estos últimos días. No me canso tan rápidamente y puedo realizar muchas más actividades durante el día. Supongo que también influye el hecho de que ahora está mi madre acompañándome mientras el Flaco está en el trabajo, así que tengo que realizar aún muchos menos esfuerzos que antes.

El sábado celebraremos el cumpleaños del Flaco con una barbacoa y estrenaremos oficialmente la piscina del Brodel. Será también un debut y una despedida porque el 13 de junio me vuelven a ingresar aproximadamente unos 5 días para darme el tratamiento. En esta ocasión seguirán poniéndome el mismo tratamiento que la última vez ya que hasta que no me hagan las respectivas pruebas no sabrán, a ciencia cierta, si está dando resultados.

Durante las mañanas sigo tomando mis respectivo cóctel Septrin Forte, Alopurinol, Omeprazol, Paracetamol, Fluconazol, con la novedad de que ahora en lugar de ser 2mg de Fortecortín (corticoides) tomo una dosis en ampollas de 40mg. Una dosis muy alta para reducir el tiempo de ingesta. Es decir, he tenido que tomarla únicamente durante 4 días. He notado un gran cambio desde que he vuelto con los corticoides. No cabe duda de que a pesar de sus efectos secundarios, ayudan bastante a desinflamar los gángleos y demás amiguitos que se resisten a desaparecer de mi sistema linfático.

Aún así, últimamente he estado teniendo mucha urticaria, no sé a qué se pueda deber, pero me he dejado los pies llenos de costras de tanto rascarme. Sobre todo las zonas que más me pican son las manos, los pies y en ocasiones las articulaciones. Quizá pueda deberse a alguna reacción de un fármaco, desde luego es muy molesto. Lo único que he podido comprobar es que muy mal no debo andar de plaquetas porque estoy cicatrizando mejor que nunca. Esperemos que la analítica del próximo lunes termine por confirmarlo y pueda enfrentarme a otro ciclo con 100.000 plaquetas y no al límite como la última vez con 76.000.

No es que sea un nuevo descubrimiento, pero el cáncer es el pan de cada día. Lo vemos todos los días en los medios de comunicación, lo escuchamos de boca de nuestros propios familiares y simplemente lo sufrimos en nuestras propias carnes. El otro día, en unas de las semanas que me habían dado de recuperación entre un tratamiento y otro, decidí pegarme un maratón de películas. Los dramas estaban descartados desde un principio de la lista por obvias razones, aunque a veces si he visto una que otra sólo por masoquismo puro y duro. Lo curioso de todo esto es que de las tres películas que elegí todas mencionaban el cáncer de una forma indirecta “La playa”, “Trainspotting” y “Planet Terror”. Me pareció una anécdota curiosa y simplemente quería compartirla con vosotros, ya que lo normal no es que se haga mención de la enfermedad en este tipo de géneros cinematográficos. Eso me lleva a pensar que el cáncer está en boca de todos y que a día de hoy es un problema latente en la sociedad, que deberíamos dejarnos de tanto buscar agua en Marte e invertir más fondos en investigación para encontrar una cura de una vez por todas. Porque hoy he sido yo, mañana puede ser un amigo o un familiar.

Miedo, es una palabra que no consigues hacer desparecer de tu vocabulario diario y esto en ningún caso significa que hayas tirado la toalla. Antes de que mi madre decidiera cruzar el charco en un llamado de auxilio desesperado por mi parte, ya nos habíamos planteado mi familia, el Flaco y yo ir 15 días de visita a Cancún. Cualquiera podría suponer que se trata de una decisión sencilla, pero no es así. Reconozco que soy una persona muy aprensiva y en una situación como la mía las cosas se complican aún más. Claro que ardo de deseo de estar en mi casa, de volver a mi entorno natural, de estar junto a toda mi familia llenándome de fuerza y seguridad, pero también pienso en las 10 horas de vuelo, las largas esperas en el aeropuerto, la distancia física con respecto a mis oncólogos y sobre todo en ese molesto cordón umbilical que me sigue atando al hospital desde el primer día. Esa relación amor odio de la que no consigo desprenderme. Desgraciadamente, es un obstáculo que me impide dar el paso siguiente. No es nada fácil y hay que vivirlo para poder comprenderlo. A veces me gustaría ser más valiente en ese sentido, seguramente durante el viaje no me hubiera pasado nada. Pero siempre está esa sombra en mi cabeza cabeza del “y sí me pasa algo”, “y si tuviera que volver de urgencia en un vuelo de 10 largas horas”. No es que me ponga en lo peor de los casos, simplemente es difícil desprenderse de esos miedos que hacen estragos con tu estabilidad física y emocional. Qué más quisiera yo que estar con mi familia entera, pero esta enfermedad es así de traicionera y muchas veces nos juega malas pasadas. El Miedo a dejar de existir, miedo a no poder tener hijos, miedo a lo que pueda pasar mañana, miedo a los resultados de las pruebas, miedo al posible rechazo de médula, miedo a tirar la toalla. El miedo es sin duda el enemigo a combatir y por mucho que no quieras pensar en él, está ahí. En esa infinita lucha es donde se decide todo ¿quieres seguir viviendo con miedo? ¿o, por el contrario quieres seguir adelante y vivir un nuevo día?

Yo elijo la vida.

sábado, 5 de junio de 2010

Viernes, 4 de junio de 2010.


A pesar del calor infernal que ha empezado a hacer en Madrid, está siendo un día estupendo. Las buenas noticias no se han hecho esperar y mientras charlábamos durante la sobremesa en casa de Dori, la madre del Flaco, he recibido una llamada.

Reconocí en seguida una voz muy familiar. Era mi madre avisándome que aterrizaba mañana a las 16.00hrs en el aeropuerto de Barajas cargada de todos los antojos y encargos que le he hecho llegar a través de mi padre. Frijoles tortillas, mole, salsas de todos colores y sabores, cacahuates japoneses y así una larga lista de productos que a pesar de la globalización, no se encuentran en Madrid.

No hay mejor inyección de alegría que una madre o un padre. Ahora no dejo de pensar en sus mimos, sus comidas, su voz, su presencia, en definitiva, en todo lo que significa esa persona para mí. Más tarde llegarán a Madrid mi padre y mi hermana desde Cancún y Abu Dabi, respectivamente. Al fin estaremos juntos los cuatro. Ese día será tan grande que seguro ganaré cien años más de vida.

Estos últimos dos días me he encontrado tan bien, que por momentos he creído estar en otro cuerpo. Los dolores están controlados casi en su totalidad, salvo por algún que otro dolor de tripa o de cabeza que he conseguido aliviar con unos almax y unos paracetamoles.

Recuerdo al Flaco jurarme que en unos días me encontraría mejor, mientras me retorcía de dolor en la cama. Le escuchaba incrédula y pensaba en cuándo llegaría ese momento tan deseado. Todo en mi cuerpo era dolor, no tenía hambre y lo que comía terminaba devolviéndolo. Los días después de la quimio son los más duros, es cuando todos los efectos secundarios se manifiestan y te machacan hasta tal punto que piensas que en cualquier momento tu cuerpo va a decir basta, hasta aquí he llegado. Es entonces cuando coges las pocas fuerzas que te quedan para levantarte y más tarde volverte a caer, y otra vez levantarte, y volverte a caer, así en un ciclo infinito.

Y ese momento llegó. Hoy me encuentro llena de vida y con muchas ganas de seguir luchando ahora que mi mami y el Flaco están a mi lado para darme ese empujoncito tan necesario. Ahora no habrá quién me pare.

El Flaco y el Brodel están ultimando los preparativos para la llegada de mi madre, son tan buenos anfitriones que no tengo palabras para agradecerles todo el esfuerzo que están haciendo por nosotras.

Mañana saldremos de Valdemorillo al mediodía para comprar el regalo del Flaco y después recogeremos a mi mami en el aeropuerto a las 16.00 ¡qué ganas tengo de verla!

Para cerrar con broche de oro este día me he enterado a través de una llamada telefónica sorpresa de mi mejor amiga Katya, que va a ser madre. Los pelos se me pusieron de punta cuando la escuché. Me alegro tanto por ella, pues en febrero la operaron de urgencia de un quiste en el ovario el cual tuvieron que extirparle. A raíz de esta situación su médico le había aconsejado que se apresurase a tener hijos porque corría el riesgo de sufrir el mismo problema. Es un caso parecido al de mi otra amiga Sara, de la que ya he hablado anteriormente. Sólo puedo decir que los niños llegan justo en el momento que tienen que hacerlo y esta vez no ha sido la excepción.

¡Enhorabuena Katz! Y ¡Buen viaje mami!

jueves, 3 de junio de 2010

Segunda parte:



Un saludo a todos.

jueves, 3 de junio de 2010.

Quisera compartir con vosotros un vídeo que grabé estando ingresada en el hospital para que veáis en qué consiste la quimioterapia.
He de decir que no goza de mucha calidad porque lo grabé con el teléfono móvil.

Primera parte:

martes, 1 de junio de 2010

Martes, 1 de junio de 2010.


He estado ausente unos días. Después del tratamiento no me encontraba con fuerzas para hacer nada. Este último ciclo de quimioterapia me ha dejado bastante tocada. A pesar de los escasos 15 minutos diarios de tratamiento, el cuerpo ya viene arrastrado desde hace más de un año quimioterapia tras quimioterapia.

El sábado me dieron al fin el alta, aunque la oncóloga me aconsejó que en caso de encontrarme mal me quedase por lo menos hasta el lunes. Era evidente que me iría cuanto antes. Así que me prepararon el informe del alta desde el viernes para que pudiera marcharme una vez terminado el tratamiento. En el informe me contaron un poco más de lo mismo, enfermedad por aquí, enfermedad por allá, nuevos gángleos que han aparecido en la tráquea, en el pulmón derecho, en el cuello, en la supraclavícula y otro sospechoso que patológicamente aún no se puede clasificar en el riñón. Con estas noticias me marché a casa tras cumplir cuatro días de ingreso en el hospital.

Cuando dicen que las cosas pueden ir aún peor no se equivocan. Aunque, casualmente esta vez, no tiene que ver conmigo, que ya bastante tengo con lo mío.

A las 7.00 de la mañana el Flaco se despertó con un dolor muy intenso en la espalda, y en un principio, pensó que se trataba de alguna mala postura que había adoptado durante el sueño. En seguida, el dolor se volvió insoportable. Se acercó sigilosamente a la cama donde me encontraba durmiendo y con una voz apenas perceptible cargada de dolor susurró: “Me voy a urgencias”. En ese instante, mis ojos se abrieron de par en par y no pude volver a pegar ojo. El Flaco no es de las personas que suele quejarse por cualquier dolor, a menos que realmente le ocurra algo importante. Lo vi salir encorvado de la habitación mientras andaba con dificultad. El camino desde la habitación hasta Urgencias se le figuró eterno. Mientras tanto, yo seguía sin poder hacer nada desde mi cama. Pero en ese instante apareció mi amiga Loli. En cuanto le conté que El Flaco estaba en Urgencias con muchos dolores, ya estaba llamando a una amiga suya que trabaja allí para colar a mi cuñado El Brodel, como cariñosamente le llamo, para hacerle compañía. En Urgencias hay un horario de visitas y a no ser que consigas un permiso especial, no puedes entrar acompañado.

Tras un esfuerzo sobrehumano en el que intentaba controlar el dolor con la respiración, por fin atendieron al Flaco. Le dijeron algo que, en un principio, sospechaba, que se trataba de un cólico nefrítico. Le pusieron una inyección de buscapina que alivio su dolor momentáneamente y en cuanto los efectos se pasaron tuvieron que colocarle una vía para pasarle un calmante. Estuvo así durante una hora, aunque el dolor nunca terminó de desaparecer del todo hasta pasados unos días. Las enfermeras le dieron la enhorabuena por ser tan fuerte y tan guapo (tenía que decirlo), pues los que han sufrido un cólico nefrítico comentan que es casi peor que un parto.

A la 13.00 hrs estaba de vuelta en la habitación haciéndome compañía. Menudo par estamos hechos. Ahora teníamos que cuidar el uno del otro. Pero cuando le vi entrar en la habitación me sentí aliviada. Afortunadamente, las cosas no habían ido a más y sólo tendría que estar bebiendo abundante agua e ibuprofeno durante unos días por recomendación del médico.

Las cosas que trae el calor. Ahora mientras estoy escribiendo un ejército de moscas revolotean en el salón a la vez que escucho el goteo constante de la cisterna del wáter. El Flaco está en la habitación de al lado tocando la guitarra tras haberme puesto la segunda dosis correspondiente de Neupogen.

Siempre he creído que existen dos tipos de drogas: las que sirven para curar y las demás. Hoy después de haber hecho la compra y sufrir un calor infernal propio de estas fechas, comencé a sentirme fatigada. En el trayecto de camino a casa sólo pensaba en mi paracetamol, mi primperan y demás drogas. Es imposible desengancharse cuando estás aún enferma. Con esto no estoy intentando de ninguna manera hacer apología de las drogas, sino todo lo contrario. No consigo comprender cómo la gente necesita de las drogas para divertirse, para decirle a alguien un “te quiero” o simplemente para pasar el rato.

Los pajaritos siguen cantando. La vida continúa fuera de esta habitación y así seguirá hasta que sigan quedando fuerzas para luchar.

Hasta otro día. Buena vibra a todos.