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jueves, 30 de septiembre de 2010

Lunes, 27 de septiembre de 2010.


He perdido la cuenta de la cantidad de veces que he tenido que visitar Urgencias estos últimos meses. A estas alturas lo más sensato será dejar de contarlas y aceptarlas como parte de la rutina entre un tratamiento de quimioterapia y otro.
Pero las cosas no se presentaban fáciles, el Flaco a pesar de haberse contagiado de una gastrointeritis que lo tuvo desde la mañana enclaustrado en el baño con mucha diarrea y vómitos, nos acercó hasta el hospital en una muestra más de su entrega y cariño.
Afortunadamente, cada vez que acudo a Urgencias tardan menos en atenderme. En cuanto di mis datos en el mostrador me llevaron a la consulta de clasificación donde tras explicarle a una enfermera, que no se distinguía precisamente por su don de gentes, me pasaron de inmediato al Nivel I (milagrosamente no se encontraba la viejita que suele gritar que le quiten las vías). Me dieron una camilla dividida por una cortina del resto de pacientes y mi madre se colocó en una silla a mi lado.
Enseguida las doctoras se acercaron a preguntarme por mi estado de salud. Entre lágrimas y nervios les conté que estos últimos días había tenido muchas dificultades para respirar, sobre todo por las noches, que de tanto toser durante el día, se me cerraba la garganta y tardaba en volver a recuperar el aire. Las doctoras al vernos tan nerviosas intentaron tranquilizarnos diciéndonos que podía tratarse incluso de una simple gripe y que me harían una radiografía para saber exactamente lo que me ocurría. Desde luego, no podía tratarse de una gripe con esos síntomas, pero había que esperar.
El Flaco entró a despedirse ya que él también se encontraba en malas condiciones y tampoco era conveniente que estuviera cerca de mi por el riesgo de contagiarme.
Y como no todo podía ser bueno, llegaron los problemas, el reservorio ha dejado de refluir y para colmo me tocó una enfermera primeriza para pincharlo, aunque he de reconocer que para ser su primera vez no lo hizo del todo mal. Así que me extrajeron la analítica del brazo, luego me hicieron un electrocardiograma y finalmente me llevaron a hacerme la placa del tórax.
Cuando llegaron los resultados la doctora se acercó de nuevo a nosotras para decirnos que había aumentado el derrame pleural con el que había entrado a Urgencias hacía unas semanas y que lo más conveniente, si estábamos de acuerdo, era dejarme ingresada para que estuviera más controlada. Evidentemente, decidí quedarme, hacía días que pasaba miedo sólo de pensar que iba a llegar la noche.
Más tarde nos pasaron a un box para que mi madre y yo pudiéramos estar más cómodas, pero duramos poco tiempo. Afortunadamente, mi madre se libró de pasar la noche en una silla de lo más incómoda, ya que gracias a María, una de las enfermeras que más cariño me tiene desde que empecé con la enfermedad, vio en el ordenador que mi nombre estaba en la lista de pacientes pendientes de ingreso y como había una habitación disponible esa misma noche no dudó en avisar a los celadores para subirme a planta.
Al final, entre unas cosas y otras nos resultó imposible dormir, aunque me alegro de que mi madre no haya tenido que pasar la noche en una silla como le ocurrió al Flaco en tantas ocasiones. Tampoco me libré de un nuevo cambio de gripper esa misma noche, manías de las enfermeras de oncología, aunque he de reconocer que María es de las que mejor pincha. No hay que olvidar ver las cosas por el lado amable.

Mucha luz a todos.

1 comentario:

  1. Que alegría saber de ti, aunque sea en urgencias, gajes del oficio.
    Ya sabemos que los efectos secundarios te van a seguir fastidiando, pero tu puedes con ellos. Llegara un momento que ya no aparezcan mas, porque has terminado con ellos.
    Se que es difícil, pero paciencia, que el que persevera vence.
    Todo te va a salir bien, porque te lo mereces, por luchadora.
    Besitos

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