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domingo, 12 de septiembre de 2010

Martes, 07 de septiembre de 2010.



Operación vena cava.

Llegó el día de la prueba. A pesar de todas las perrerías que me han hecho durante este año y medio no consigo controlar mis nervios. Por la mañana una de las auxiliares me entrega unos desinfectantes con los que tengo que ducharme, han empezado los preparativos.

Recorremos el pasillo hasta llegar a la puerta del quirófano, un espacio frío en donde aguardamos mi madre y yo en espera de que el cirujano me llame para empezar la prueba. A la media hora sale al fin para explicarme en qué consiste la pequeña intervención que me van realizar. Me cuenta que es una operación muy sencilla, que consiste en colocar un muelle en la vena cava a través de la yugular o del brazo, pero lo más importante es que no duele. Así, que me quedo con ese pequeño detalle, a estas alturas es el más significativo de todos.

Mi madre y yo escuchamos atentas. Ahora sólo queda firmar el consentimiento. En un principio, le piden a mi madre que lo haga por mí, hasta que descubre que soy mayor de edad. Afortunadamente, aún siguen echándome menos edad de la que aparento.

Estamos nerviosas y no es para menos, a pesar de ser una prueba sencilla compromete un órgano muy importante, el corazón. Que trabajen cerca del motor que te mantiene respirando todos los días pone los pelos de punta, pero a la vez sé que estoy en buenas manos e intento que los nervios no minen demasiado mis pensamientos.

Una enfermera vuelve al cabo de un rato para meterme al quirófano. Mi madre se despide entre lágrimas. Intento contenerme para poder tranquilizarla, en el fondo sé que todo va a salir bien.

Una vez en el quirófano me colocan unas fundas verdes en los pies y me tumbo boca arriba sobre una fría placa. En seguida, reconozco a uno de los cirujanos que tiempo atrás me colocó el porth a cat. Sus conversaciones logran evadirme de la situación mientras espero a que la prueba comience. Me desinfectan el brazo derecho, el frescor de líquido recorre mi piel, después un pinchazo me quema durante unos segundos y ¡voilá! Ya no siento nada más. A partir de ese momento me dedico a seguir las órdenes del cirujano, respiro profundo sin soltar el aire varias veces a lo largo de la prueba. El calor del contraste recorre mi cuerpo. Una placa a la altura de mi pecho se recoloca constantemente dirigida desde una sala en donde el cirujano da órdenes a sus ayudantes. Ha durado aproximadamente una hora y afortunadamente todo ha salido de maravilla. No he sentido casi nada. De todas las pruebas que me han hecho hasta hoy, ésta ha sido sin duda la más relajada.

En lo que terminan de quitarme todos los chismes para medir las constantes vitales, aprovecho para ver las imágenes de mi corazón y el tubo que me han metido en la vena en una pequeña pantalla colocada en el techo. Es curioso ver tu corazón palpitar en un monitor, pequeñito e indefenso.

Una vez pasado el susto me devuelven a mi camilla y la celadora, tras una larga charla con un médico al cual no veía desde hace un tiempo, me conduce de nuevo a la habitación en donde ya están esperándome mi madre y el Flaco.

Una prueba más que dejo atrás y que me ayudará a mejorar mi respiración ¿Cuál será la siguiente?

Mucha luz a todos, en especial a Thierry, compañero y amigo.

1 comentario:

  1. ANGEL eres super fuerte, todo saldra bien.
    Te mando mis mejores deseos desde CanCun esperando verte pronto.
    Eldy

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