jueves, 30 de septiembre de 2010

Martes, 28 de septiembre de 2010.



A las 7 de la mañana entraba en la habitación María a extraerme la habitual analítica mañanera, pero esta vez, tocaba un segundo pinchazo en la arteria del brazo para medir el nivel de oxígeno en la sangre. No hace falta decir lo molesto y doloroso que es, aunque ya me lo había advertido la noche anterior María "No te voy a engañar, porque sabes que te quiero, pero el pinchazo duele". Y vaya si dolió. Ya para cuando había logrado volver a coger sueño hizo su entrada triunfal la señora de la limpieza más ruidosa de todo Puerta de Hierro, así que de nuevo me fue imposible volver a pegar ojo ¿Existe algún sitio en donde se descanse menos que en un hospital?

Pero para sorpresas la que me llevé con la visita de las oncólogas, y aunque a estas alturas ya debería estar acostumbrada a ellas, los nervios y el miedo terminan traicionándome. Me dijeron que lo de estar fatigada y con falta de respiración, se debía al aumento del derrame pleural, que lo normal sería que lo eliminase por la orina, pero al ser tal cantidad tendrían que pincharme el pulmón para extraerlo. No pude evitar llorar y mi madre igual. Intento ser fuerte, pero son demasiadas cosas en tan pocas semanas y cuesta asimilarlas todas a la vez.

Al verme así las oncólogas intentaron animarme, que por peores cosas había pasado, que ahora no podía venirme abajo, que siempre he demostrado ser una chica muy fuerte y que con esta prueba me iba a sentir mucho mejor. Y no dudo que me vaya a encontrar mejor, pero estoy cansada, cuando no es un dolor de piernas, es un huevo en el cuello o una candidiasis o una infección de orina o un derrame pleural o una tos que me deja sin respiración o que crece el tumor y me oprime la vena cava y así una larga lista de síntomas que se van acumulando y el cuerpo se resiente.

Sobre las 2 de la tarde estaban de vuelta Miriam, dos oncólogas más, a las cuales no había visto antes, y una enfermera. Me hicieron colocarme con el pecho apoyado en el respaldo de la silla, la misma silla incómoda en la que ha dormido incontables veces el Flaco en Urgencias, y una almohada en la que apoyaba los brazos. Con la espalda erguida sentí el frescor del desinfectante en mi piel y supe entonces que llegaría el primer pinchazo de anestesia, aunque fue el segundo el que más dolor me causó. Al poco tiempo ya no sentía nada, pero las piernas y las manos me temblaban sin parar. "Venga Ángel, que lo estás haciendo muy bien" me decía Miriam para intentar darme ánimos. De repente, un inoportuno repartidor de las bandejas de comida entró por la puerta en una situación que se tornó totalmente surrealista.

Recuerdo que antes de localizar el punto donde me iban a pinchar me hicieron repetir "33" varias veces, mientras movían el estetoscopio por mi espalda. Creo que recordaré ese número el resto de mi vida no como el de la edad de Cristo, sino como el número que repetí cuando me sacaron el líquido pleural.
El inconveniente de la anestesia local es que tu mente viaja y es inevitable imaginar que hay una aguja metida en tu pulmón extrayendo un líquido. El tiempo se me hizo eterno y varias veces pregunté cuánto quedaba para terminar, ya que escuchaba las complicaciones que iban teniendo, que si no conseguían seguir extrayendo el líquido, que tenían que volver a pincharme, que no había suficiente presión, etc.
No recuerdo cuánto líquido extrajeron , pero si pude verlo en un tubo que se habían dejado a un lado de donde está colocado el oxígeno en la habitación. Era líquido era de un color rosado. En seguida entró una auxiliar para llevárselo y las oncólogas se marcharon agradeciendo lo bien que había aguantado.
Son días difíciles, pero siempre tienen un lado positivo, mi hermana volverá a Madrid. Se quedará aquí durante dos meses antes de regresar a México, así que aprovecharé todo lo que pueda su compañía.

Te quiero Yus.


2 comentarios:

  1. sigo aqui, y sigo tus textos porque me hacen saber que hay gente como tu que son un ejemplo por que son fuertes y aman la vida.
    Gracias Angel porque me ayudas a ser mas fuerte con tu ejemplo.
    Suerte niña hermosa.

    ResponderEliminar
  2. Hola, Ángel, llego aquí desde el blog de Teresa. He estado leyendo tu diario un buen rato, desde el principio, y sólo quería decirte que admiro tu valentía y tu generosidad. Comprendo lo que leo y puedo imaginar -siempre parcialmente, nunca en su verdadera dimensión, lo sé- las experiencias tan difíciles por las que estás pasando. Quiero decirte que tu decisión al escribir sobre ello y compartirlo con nosotros las transforman en mucho más que los sucesos de una desconocida, las transforman en un vínculo rebosante de luz, alma, humanidad, no sé bien cómo expresarlo.

    Ah, y lo que te digo a ti también se lo digo al Flaco, desde luego. Eres afortunada de tenerlo a tu lado, aunque eso nadie mejor que tú lo sabe. Os envío un abrazo fuertísimo.

    ResponderEliminar